La longevidad extendida es una realidad presente en el mundo y seguirá creciendo a lo largo del siglo XXI. Con ella surge una cuestión que merece atención y que afecta al sistema familiar: el crecimiento de la población de ancianos en duelo.

Debido su edad avanzada, un adulto mayor se depara con diversas elaboraciones de duelo que pueden ser provenientes de: pérdida de un cuerpo joven y de la salud; la pérdida del ejercicio pleno de la sexualidad; la salida de los hijos (y la síndrome del nido vacío, de la que hablaré en otro texto), que muchas veces restringe la convivencia social y el ocio; pérdida del trabajo y la jubilación forzosa, con la cual puede causarle la reducción de su renta y de la convivencia, tal como la pérdida de los papeles sociales valorizados, afectando a su sentido de utilidad; la pérdida de la  perspectiva de futuro; la constatación de que la pareja y amigos están muriendo y con ellos, los lazos afectivos, o aún, el enfrentamiento a la soledad recurrente de la pérdida de un cónyuge. Todas estas pérdidas pueden ocurrir en un corto espacio de tiempo haciendo con que la persona se quede sobrecargada. Sin embargo, estos diferentes tipos de duelo necesitan ser procesados. Hablaremos en este texto sobre las características observadas en el duelo de ancianos por la pérdida de sus contemporáneos.

Matrimonios largos conducen a profundos vínculos y es posible que entre los cónyuges se construya una alta dependencia uno del otro para determinados papeles o actividades, lo que dificulta la adaptación tras la muerte de uno de ellos una vez que tendrán que desarrollar nuevas habilidades y adquirir funciones que anteriormente eran hechas por su pareja, aparte de ajustar su propio sentido de “individuo”, desvinculando su autoestima y sentido de autoeficacia de la persona que murió. Dicha dificultad de adaptación suele ser observada más en el hombre que en la mujer (aunque también las mujeres tienden a sufrir con ello), particularmente, en las tareas domésticas lo que puede llevarlos a buscar ayuda para desarrollar estas habilidades. El ajuste lleva tiempo, siendo necesario, incluso, un período de dependencia de los demás, en este caso, de los hijos, con el propósito de ayudar a los ancianos en duelo a atravesar esta transición.

En caso de que la pareja no haya tenido hijos o que estos ya no vivan con sus padres, lo más probable el doliente viva solo tras la pérdida. Vivir solo puede causar fuerte soledad emocional que posiblemente será intensificada si la persona permanece viviendo en la misma casa en que vivían, cuando antes de la muerte. Por otro lado, ser capaz de permanecer en sus hogares le provee un sentido de control personal al anciano, mantiene el lazo con el cónyuge y le ofrece un terreno en lo que él puede recordar su estimado pasado. Es importante, por lo tanto, que la familia esté pendiente de su decisión de mudarse, o no, de su casa, tal como la necesidad de un cuidado institucional para aquellos que no consiguen seguir viviendo solos o no poseen tanta habilidad de cuidarse a sí mismos.

Con el avance de la edad y vivencia de la pérdida de contemporáneos, tales como el cónyuge, amigos o hermanos, también puede ocurrir el aumento de la consciencia en el anciano acerca de la propia muerte, llevándolo a una ansiedad existencial. Recordemos que el tema “muerte” es tabú en todas las edades y hablar de ella aún causa impacto emocional. El miedo acerca de la muerte interfiere en la necesaria vivencia del duelo. Permitir que el anciano se exprese en su tristeza o que hable sobre el tema le ayuda a lidiar de manera positiva con la idea de la propia muerte.

Es posible que el duelo en los ancianos, sobre todo los de edad muy avanzada, lleve un largo tiempo, o incluso, no tenga un punto final. Consolidar sus recuerdos con la persona fallecida e inspirarse en ellos, manteniendo el “vínculo eterno”, es saludable para que sobrevivan a lo largo de sus años remanecientes. Las familias necesitan ser animadas a no apresurar una persona en su experiencia de duelo y siempre es importante enfatizar que en un anciano la pérdida nunca es verdadera, pues grande parte de lo que el fallecido representaba es internalizada y significativa en el tiempo presente.

Algunas intervenciones del acompañamiento en el duelo pueden ser útiles para el trabajo con ancianos que atraviesan una pérdida, principalmente, con los hombres, en el desarrollo de nuevas habilidades. Grupos de apoyo también son valiosos, pues ofrecen el contacto humano para aquellos cuya red de apoyo, en general, está disminuida, y cuyo aislamiento es, casi siempre, visible, haciéndolos sufrir con la soledad social.

¿Tienes algo que añadir de tu experiencia de duelo o en acompañar a un adulto mayor en el duelo? ¡Por favor, déjanos un comentario contando!

Referencias: Walsh,F.; Mcgoldrick, M. (1998). Morte na família: sobrevivendo às perdas. Porto Alegre: ArtMed

Worden, J. W. (2013). Aconselhamento do Luto e Terapia do Luto: um manual para profissionais da saúde mental. São Paulo: Roca

Zimerman, Guite I. (2000). Velhice: aspectos biopsicossociais. Porto Alegre: Artmed

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