El duelo – reacción natural tras la pérdida de un ser querido – se vive en el ámbito individual, asociado a la relación del doliente con la persona fallecida, y en el contexto familiar, alterando para siempre la familia doliente y obligando a sus sobrevivientes a reorganizar sus vidas.

Para la mayoría de las familias, el duelo comienza en el momento en que el diagnóstico es comunicado.

Cuidar a un familiar con una enfermedad grave y progresiva es agotador y genera mucho estrés. A lo largo del tratamiento son observadas reacciones del duelo, tales como: sensación de entorpecimiento, enfado, fatiga, incredulidad, períodos de apatía alternados con actividad intensa y agitación, entre otros.

Un buen funcionamiento de la comunicación y el apoyo mutuo entre toda la familia durante los cuidados al enfermo y durante el duelo son importantes para el bienestar psicológico de sus integrantes individualmente e irá colaborar para una mejor elaboración y adaptación al duelo en toda unidad familiar.

Las familias varían en su habilidad de expresar y tolerar sentimientos. En el caso de que no haya una abertura para la expresión de sentimientos sobre la muerte, sus integrantes podrán presentar comportamientos de actuación agravantes del duelo. El duelo no resuelto, de acuerdo con evidencias psiquiátricas, no solo sirve como factor clave en la patología de una familia, como también contribuye para relacionamientos patológicos en las futuras generaciones, pues el duelo postergado en la familia de origen impide al integrante de vivenciar pérdida emocional y la separación dentro de la familia actual.

Las familias que enfrentan de forma eficaz el duelo suelen ser más abiertas en sus conversaciones acerca de la persona fallecida, procesando mejor, de esta manera, los sentimientos sobre la muerte, mientras que las familias cerradas y que no poseen esta libertad de conversación suelen utilizar excusas y hacer comentarios que permitan y encorajen a los otros demás miembros a quedarse quietos.

Tareas que facilitan la adaptación de la pérdida dentro de la familia

Existen tareas esenciales que pueden ser practicadas para que la familia pueda adaptarse mejor a la pérdida. Hablemos de ellas:

– Debe haber un reconocimiento de la pérdida y de la atención a todas las expresiones e intensidades de pesar de cada miembro de la familia;

– La familia debe reorganizarse, redistribuyendo los papeles para otros integrantes o, simplemente, abandonarlos. Eso reduce la sensación de caos;

– Todos los miembros de la familia deben invertir en la “nueva” familia, al mismo tiempo en que mantienen su conexión con la persona fallecida;

– El rito y las tradiciones familiares son de gran valía para los miembros dolientes, pues autoriza el sufrimiento, facilita y favorece su expresión y marca la vida de quien ha muerto, honrando su historia. Por lo tanto, la posibilidad de realizar los ritos propios y específicos ayuda la familia en la búsqueda de sentido para su pérdida.

– El proceso de duelo familiar se ve influido por el modo como una familia construye la pérdida de sus miembros. Cada individuo tiene sus creencias y entendimientos particulares sobre la pérdida. El compartimiento de esa consciencia individual entre los otros integrantes ayuda la familia, como una unidad, a desarrollar su propio sentido.

La comunicación abierta y honesta, aliada a los ritos y ceremonias apropiadas, puede auxiliar la familia a realizar cada una de estas tareas y en el caso de haber dificultades de realizarlas, una intervención en el duelo de la familia por parte de un profesional puede influir positivamente.

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Referencias: Walsh,F.; Mcgoldrick, M. (1998). Morte na família: sobrevivendo às perdas. Porto Alegre: ArtMed

Worden, J. W. (2013). Aconselhamento do Luto e Terapia do Luto: um manual para profissionais da saúde mental. São Paulo: Roca

 

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